El pasado fin de semana inauguré a través de Ning una red social para el entorno de ELE, pero enfocándola en primer lugar para el Máster. Después de algunos días familiarizándome con la interfaz y probar algunas de las posibilidades, he decidido cancelar el proyecto por no adecuarse a mis necesidades reales de investigación en el campo de ELE. Un proyecto de estas características debe ser precedido de una reflexión profunda acerca de sus implicaciones, significado y consecuencias. Las facilidades para el desarrollo de estas redes, incluso para los que apenas tenemos conocimientos informáticos, puede provocar el espejismo de que toda red puede sernos útil, de que toda comunidad puede ser significativa. La web 2.0 esconde muchos de estos espejismos, y dejarse llevar por el impulso iluso del “cuanto más mejor” puede hacernos perder nuestra visión crítica en la aproximación hacia las tecnologías educativas. La experiencia ha sido breve, pero no en balde.

Siguiendo un post antiguo de Francisco Herrera en Nodos ELE, titulado Redes a(sociales), me quedo con la siguiente afirmación:

Al contrario de los blogs, que expanden la libertad de consumo y creación de conocimiento, las redes sociales, en mi opinión, tienden a costreñirlo y empaquetarlo, no sé si para un consumo rápido y superficial o para laminarlo hasta la extinción.

Seguiré por lo tanto, trabajando en el blog, que hasta ahora me ha aportado, tal y cómo reflexionaba en un post anterior, gratas y buenas perspectivas de futuro.

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